Casa-hospital de San Millán

En el centro del pueblo junto a la iglesia parroquial encontramos una antigua construcción, de aspecto un poco tosco, hecha en mampostería en su fachada principal y de tapial en las otras fachadas reforzadas con pilares adosados al muro para darle seguridad. La portada, más solemne, es de piedra sillar en arco y sobre el mismo una hornacina cobija la imagen de San Millán con vestimenta clerical de párroco hecha en alabastro. En la parte alta de su vieja puerta se ve clavada una mano de oso que, en tiempo inmemorial, pusieron como trofeo de alguna cacería o en señal de victoria sobre un peligroso animal abatido. En una sencilla placa de cerámica se lee: casa de beneficencia.

Fecha de construcción

Se construyó hacia 1520 sustituyendo a otra anterior más pequeña construida en el siglo anterior que cumplía los mismos servicios socio-religiosos como lo atestiguan los documentos que se conservan en el archivo parroquial de Torrelapaja.

Estructura interior del edificio

Si el exterior da una cierta apariencia tosca, el interior constituye una grata sorpresa para el visitante. Un hermoso patio interior, popularmente llamado “luna”, llama la atención y concentra el mayor valor artístico del edificio. La planta baja y el primer piso están abiertos a dos amplias galerías sostenidas por columnas de piedra; en estilo toscano en la planta baja y de yesería estriadas en zig-zag y a rombos en la planta principal. Es de estilo renacentista con clara influencia castellana. La tercera planta tiene ventanales abiertos en los espacios cerrados.

Hermosos relieves en yeso adornan los cuatro ángulos, sobresaliendo uno que representa a San Millán pastoreando con su perro un rebaño de ovejas. Sobre él hay una leyenda en letras góticas difícil de descifrar por su mal estado de conservación: IN HONOREM SANCII…/ DONADO DESTA CASA [En honor de Sancho… / donado de esta casa] según transcripción de Amparo Cabanes Pecourt.

Toda la vida de la casa giraba alrededor de este patio. En la planta baja estaba la cocina central, despensa, almacenes, habitación para transeúntes, cuadras para las caballerías y animales domésticos, herramientas y útiles para el cultivo de sus fincas, etc.

En los pisos altos había comedores, salas y habitaciones para peregrinos y enfermos, habitaciones de los santeros y del personal de servicio. Como cosa curiosa hay que señalar que el obispo de la diócesis tenía reservada una amplia sala con dos alcobas, que todavía se conserva, llamada “la sala del obispo”. 

Finalidad de la casa desde su construcción

Refugio de peregrinos

Cuando la invasión musulmana del año 711 los cristianos de Torrelapaja ocultaron bajo el pavimento de la pequeña capilla de la Virgen de Malanca las veneradas reliquias de su patrón y paisano San Millán que sus antepasados habían traído de la Cogolla (La Rioja) donde había muerto el santo por temor a una posible profanación. En 1459 fueron sacadas de bajo tierra y expuestas a pública veneración en la iglesia que mandó levantar el rey de Aragón don Juan II. Se conserva la torre-fortaleza que entonces se construyó para defensa del Reino de Aragón en su límite con Castilla.

La fama de estas reliquias motivó una fuerte corriente de peregrinación a este santuario de San Millán en Torrelapaja. Eran muchos los devotos que venían a postrarse y pedir los favores del santo. Fue necesario procurar albergue y cuidado a estas personas y a sus caballerías cuando hacían noche y especialmente en los días de frío y lluvia.

Don Pedro Cerbuna, obispo de Tarazona a cuya diócesis pertenece Torrelapaja, en su Visita Pastoral de 16 de mayo de 1587 dejó en un largo escrito que se conserva en el archivo parroquial, normas claras para cumplir correctamente el fin y servicio de la casa que era la de acoger y dar hospitalidad a los peregrinos. Dice entre otras cosas el documento episcopal: “Item, por cuanto la dicha Casa del Señor Sant Millán es casa de hospitalidad y para recoger gente que por devoción viene a visitar la dicha iglesia, conviene que los que se hospedan estén con la honestidad y recogimiento que conviene”.

Hospital de enfermos pobres

Eran muchos los que acudían en peregrinación al santuario de San Millán y, como es natural en aquellas circunstancias, algunos llegaban fatigados y enfermos o enfermaban durante su estancia, y por consiguiente necesitaban atención, descanso y curación. También era frecuente la presencia de mendigos ambulantes solicitando ayuda. Se hizo necesario habilitar en las inmediaciones del santuario una casa para atender a estas necesidades.

La labor benéfico-social de esta casa fue muy importante a lo largo de los siglos como se puede colegir por la infinidad de datos que quedan en sus libros de cuentas, entre otros: contrato de cirujano, gastos de botica, personal para atender enfermos, camas y sus ropas para ingresados, traslado de enfermos ya curados, datos de fallecidos en el hospital, pago de exequias de fallecidos pobres o transeúntes, etc. No olvidemos que los primeros hospitales nacieron al amparo de la Iglesia y como consecuencia de su faceta caritativa.

La casa de San Millán realizó los servicios de hospital hasta comienzos del siglo XX. En el año 1860, como resultado de las leyes desamortizadoras, el Estado se hizo cargo del hospital quien, a través de Beneficencia Provincial, lo controlaba y se comprometía a subvencionarlo con la cantidad anual de tres mil reales, que no siempre llegaban, como compensación de los bienes (fincas y edificios) que le habían sido arrebatados a la casa.

Gobierno de la casa-hospital

Torrelapaja fue siempre un barrio del vecino Berdejo. Cuando Torrelapaja se separó en 1601 y se constituyó en concejo independiente y con parroquia propia se dividieron proporcionalmente los términos y otros bienes inmuebles hasta entonces comunes, pero la casa de San Millán quedó indivisa y en propiedad compartida a partes iguales para los dos Lugares que la debían gobernar por medio de una Junta de Regidores de ambos pueblos.

Los regidores eran los vicarios, alcaldes y jurados de Berdejo y Torrelapaja, mientras permanecían en el cargo correspondiente, quienes delegaban el control administrativo en dos mayordomos, uno de cada pueblo, elegidos por un año prorrogable . Esta Junta se reunía anualmente por San Blas (el día 3 de febrero) para pasar las cuentas del año con el capellán, los mayordomos y el santero.

El santero es un elemento muy importante en el gobierno diario de la casa. Se le contrataba por un año y él con su familia se comprometían a responsabilizarse y dar cuenta al final del año de todo lo que había en la casa. De su incumbencia era recibir a peregrinos o enfermos, organizar las actividades del personal de servicio tanto del hospital como trabajadores de sus fincas: pastores, porqueros, acemileros. Tenía la casa una nómina de hasta 10 personas fijas. El santero era el responsable del día a día de la institución.

El capellán. La Casa contrataba un sacerdote de fuera del pueblo, distinto de los tres sacerdotes que componían el Capítulo Parroquial, para que atendiera las necesidades espirituales de los peregrinos tanto en la casa como principalmente en el santuario. Celebraba en la iglesia las misas y servicios religiosos que le encargaban los devotos. También solía hacer los oficios de sacristán en la parroquia por encargo del Concejo y la Parroquia.

Jurisdicción episcopal sobre la casa de San Millán

Esta casa se fundó como complemento de la parroquia en la realización de sus tareas pastorales: atención a peregrinos y la caridad. Por tanto, como la propia parroquia estaba sujeta a la jurisdicción de la autoridad eclesiástica diocesana: el obispo. Así lo atestiguan las Visitas Pastorales que periódicamente, casi siempre cada cinco años, realizaban los propios obispos en persona o sus Visitadores Generales y de las que hay constancia en los libros de la casa. Se ha citado al obispo Cerbuna que en 1587 dio normas claras y precisas para el gobierno, pero hubo otros obispos que tomaron decisiones muy importantes como el obispo don Francisco Porro y Peinado, que en 1810 mandó cerrar la casa y poner en arriendo las fincas hasta que se recuperara la quiebra económica en que había caído.

Las visitas episcopales de control y supervisión a la casa de San Millán las hicieron los obispos diocesanos hasta la Desamortización en 1860.

Ingresos que tenía la casa para el desarrollo sus actividades socio-religiosas

Bienes propios

Fincas: poseía muchas fincas en ambos términos de Berdejo y Torrelapaja. Para su explotación tenía personas fijas y jornaleros contratados en tiempos y tareas específicas como la siembra, abono, escarda, recolección, reparaciones de tapias de corrales de ganado y acequias, etc.

Ganado lanar, cabrío y de cerda: en los libros de cuentas aparecen cantidad de datos sobre el particular. Contaba con unas cuatrocientas ovejas atendidas por pastores y zagales. Como detalle, entre sus bienes inmuebles se cuentan hasta siete corrales de ganado. En invierno hacían trashumancia a terrenos más cálidos. También tenía una buena piara de cerdos y cerdas de cría, animales domésticos y aves de corral.

Donativos y limosnas

La llega. Llamaban “llega”, “allega”, “plega”, “hacer la vereda”, “hacer la limosna” al recorrido periódico que una o varias personas realizaban por extensas comarcas en nombre de la casa-hospital de San Millán y siempre con una autorización escrita del obispo diocesano o sus vicarios. Este recorrido se hacía por Ágreda y sus pueblos, por Soria y alrededores, campos de Almazán y Gómara, río Jalón hasta Ariza y de Calatayud hasta Épila, zona del monasterio de Piedra, valle del Jiloca hasta Villafeliche, la comarca del Aranda, el campo de Borja y Magallón, somontano del Moncayo, etc.

El “allegador” se presentaba al cura del lugar presentando la autorización escrita del obispo correspondiente y el párroco le asignaba un vecino o al sacristán que les acompañase en el recorrido por el pueblo. Recogían de todo lo que producía el terreno y era propio de la época: cereal de trigo o cebada, aceite, lana, queso, corderos… Lo recolectado lo reducían a dinero si podían en el mismo lugar y lo que no, lo dejaban en depósito en casa del cura o de un vecino. Las listas de pueblos visitados y las cantidades recogidas en cada uno aparecen siempre y en diversas épocas del año en los libros de cuentas de la casa. Esto suponía un buen ingreso.

Limosnas. Los peregrinos solían dejar en sus visitas al santo limosnas y ofrendas para decir misas a su intención. Eran frecuentas las donaciones hechas como agradecimiento a San Millán por la curación de niños quebrados, de cuyo mal es abogado.

Hay constancia de limosnas de personajes ilustres de la zona, pero las más significativas son las que dio el rey Felipe II, en al menos tres ocasiones en los años 1565, 1566, 1593, de las que se conserva testimonio escrito en el archivo de la casa.

Importancia de la casa de San Millán

Por los datos que van mencionados nos podemos hacer idea de la gran importancia que, no solo para el pequeño pueblo de Torrelapaja sino para toda una gran comarca, tuvo durante siglos la casa de San Millán como foco de peregrinaciones de fe y su servicio social de caridad:

Para el propio pueblo. Fue siempre lo más representativo de su vida social. A partir del siglo XIX, cuando fue decayendo el concurso de peregrinos y especialmente después de las sucesivas desamortizaciones, hubo necesidad de ir alquilando espacios de la casa para vivienda de familias y otras estancias como almacenes, y así recabar fondos con los que mantener el edificio. De seis a ocho familias vivían en la casa hasta que en los años sesenta y setenta del siglo XX se produjo el fenómeno de la despoblación del campo y marcha de la gente a las ciudades.

Desde mitad del siglo XIX hasta más de mitad del XX en la casa de San Millán han tenido cabida las principales actividades sociales, económicas, culturales, de ocio y esparcimiento de los habitantes de Torrelapaja. Allí estaba la escuela de niñas, la peluquería y barbería de hombres, la tienda donde había de todo, economato, cooperativa, lugar para los vendedores ambulantes, espacios para el esquileo de las ovejas del pueblo. Allí se celebraban los bailes y festejos en la fiesta de San Millán o en otras fiestas cuando hacía mal tiempo. En la casa encontraban espacio abundante los niños y jóvenes del pueblo para reunirse, divertirse o refugiarse en días de nieve o lluvia porque no había en el pueblo otro sitio tan amplio y a propósito. La casa de San Millán es lo más querido para generaciones de sus vecinos

Para la comarca. Como ha quedado explicado su fama e influencia fue muy grande en extensas zonas de alrededor. Su importancia la demuestra los grandes servicios que prestó a lo largo de al menos cuatro siglos y la monumentalidad del edificio que todavía se mantiene en pie, aunque en estado de semirruina.

 Para el arte. Es un edifico singular y único en la zona por su traza y construcción. Los materiales con que está levantado son pobres: tapial y mampostería; por tanto, frágiles y que necesitan mucho cuidado para su estabilidad y duración.

Monumento BIC. En el Boletín Oficial de Aragón del día 21 de noviembre de 2001 publicó el Decreto 286/2001 de 6 de noviembre del Gobierno de Aragón, “por el que se declara Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, la denominada casa de San Millán sita en Torrelapaja (Zaragoza).

Este título de edificio BIC sobre el papel porque la realidad es que la casa de San Millán sigue su proceso de abandono y de degradación por la falta de una mínima atención urgente en su conservación. Es verdad que en los años 2014 a 2017 se han reparado los tejados evitando la entrada de lluvia y el hundimiento al que estaba abocada, pero el resto del edificio, especialmente en los entramados de los pisos y los arcos de sus galerías, la ruina se está produciendo ya.

Un pequeño y vaciado pueblo de apenas 35 habitantes censados, media docena lo habitan habitualmente, carece de recursos para hacer frente a una mínima atención y conservación de tan preciado y singular monumento. A ver si algún día llegan las ayudas institucionales.