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Por fin llegaron los días que todos esperábamos con tanta ilusión, sobre todo los más pequeños. Un año más, la labor de quienes intervinieron en la preparación y desarrollo de las fiestas fue muy satisfactoria y todos los actos programados se celebraron sin contratiempos. A pesar de que se celebraron en la última semana de agosto, los días 26 al 29, el tiempo fue estupendo, caluroso por el día y fresquito por las noches.

Con estos ingredientes, ilusión, participación y buen tiempo, el éxito de las fiestas estaba asegurado, como así ocurrió.

Misa, procesión, merienda popular, campeonatos, baile, juegos infantiles... los actos programados fueron similares a los de otros años. El pregonero fue Pedro, un enamorado del pueblo y residente permanente desde hace unos años. El pregón fue un sentido agradecimiento a Torrelapaja por la buena acogida que se le ha dispensado. Pedro, estamos muy contentos de tenerte en el pueblo.

Un acontecimiento tuvo lugar el día grande de las fiestas, el sábado día 28, que no se había producido nunca: la presentación de un libro en Torrelapaja. Todo un lujo para el pueblo que hay que agracer a su escritor, Miguel Ángel Marín Uriol, poeta aragonés varias veces galardonado con premios nacionales e internacionales.

"Albeta" es el título de la novela y el nombre de su protagonista, un pastor nacido en 1907 poseedor de una inteligencia superior que se convierte en un personaje excepcional. Torrelapaja, lugar de nacimiento de su padre, es donde se sitúa la narración, que llega hasta hasta el año 1936. Quienes estéis interesados en este libro podéis adquirirlo a través de internet o bien encargarlo en el Teleclub de Torrelapaja, Teléfono 976847285.

La Misa y la procesión fueron el acto central de las fiestas que reunió a todo el pueblo. La Misa estuvo celebrada por Pablo Rubio y Emilio García, nacidos en Torrelapaja, y amenizada por el grupo de jota "Otero del Cid", de Ateca. La jota, hecha oración, llenó de emoción la iglesia, que para este fin cuenta con una acústica extraordinaria desde el coro. Después de la procesión se celebró la tradicional "subasta de palos"; puja económica entre los vecinos para hacerse con cada uno de los cuatro palos de la peana en la que se ha paseado a la Virgen de Malanca, lo que les otorga el privilegio de entrarla a la iglesia. El dinero recaudado se destina a los gastos de la parroquia.

La "merienda popular", a base de bocadillos de chorizo, panceta o longaniza con sangría, que organiza la comisión de fiestas al atardecer del día anterior a la fiesta constituye una ocasión estupenda para conversar con los amigos y familiares. La merienda se hace al final de la calle del Horno.

Otro momento esperado es el de la exhibición de disfraces. La plaza se llena el día de la fiesta por la tarde para ver desfilar a los más pequeños, contentos, orgullosos y emocionados con sus disfraces. Hubo premio para todos. Por la noche les toca el turno a los jóvenes y a quienes ya se les viene acumulando la juventud; desfilaron un grupo de Mary Poopins y deshollinadores, el Mago de Hoz y sus amigos, la legión, el adivinador pulpo Paul y sus mejillones... El premio se lo adjudicaron a la peña Samanta por su disfraz de Mary Poopins.

El último día de la fiesta actuó la banda "Unión Musical Villarroyense" que cuenta con 165 años de historia. Es de las numerosas bandas de música que existen en la provincia. Fue muy bonito ver a nuestros vecinos de Villarroya convertidos en virtuo- sos artistas; el panadero, el tendero, y sobre todo, la cantidad de jóvenes que la componen, lo que les augura una larga continuidad. El concierto fue muy bonito y estuvo muy bien interpretado. ¡Felicidades!

Después de la actuación de la banda musical de Villarroya, y como se acto de fin de fiestas, tuvo lugar una excelente y abundante chocolatada y la entrega de los trofeos a los ganadores de los distintos campeonatos.

 

 Jesús Arnal