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EXCURSIÓN A ALBARRACÍN Y CELLA

 

   Este año la Asociación nos sorprendió con una magnífica excursión a Albarracín, localidad de la provincia de Teruel, enclavada en los Montes Universales, a 1171 metros de altitud.

   Al igual que en las excursiones de otros años nos desplazamos en dos autocares, uno desde Zaragoza y otro desde Torrelapaja. Salimos a las ocho de la mañana y sobre las diez y media nos juntamos en Albarracín. Éramos más de sesenta personas dispuestas a pasar un día inolvidable disfrutando de la compañía de los amigos, del entorno y de un tiempo espléndido que nos acompañó casi toda la jornada. Las expectativas se cumplieron sobradamente.

   Todos admiramos el lugar donde está enclavada esta ciudad medieval, en una peña inexpugnable protegida por profundos acantilados que la circundan casi totalmente, labrados a lo largo de los siglos por el río Guadalaviar. En la foto aérea que ilustra este reportaje podéis ver esta peña que tiene forma de bota contorneada por el río. Las murallas se levantan en la parte que no protege el río.

   Al llegar ya estaban esperándonos los guías que nos explicaron la historia de Albarracín, poblada por celtíberos, romanos, visigodos, bereberes, que se separaron del califato de Córdoba y establecieron el reino taifa de Albarracín, y cristianos. Todas estas culturas han dejado huella en Albarracín haciéndolo uno de los lugares más interesantes y bonitos de España, declarado Monumento Nacional en 1961 y propuesto por la Unesco para ser declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad.

 

   En la parte más alta, emergiendo sobre un peñasco, está el castillo de la época musulmana que se encuentra en proceso de restauración. También es de esta época las murallas que protegen la población. Nos tocó subir la cuesta hasta el castillo pero valió la pena.

   Las calles son empinadas, llenas de recodos, escaleras y pasadizos, y tan estrechas que los aleros de sus casas enfrentadas casi se tocan. Se configuran a lo largo de los desniveles de la peña donde se asienta Albarracín.

   Las casas son de varias alturas para aprovechar el poco espacio disponible para la construcción que disponía la antigua ciudad amurallada. Predomina en todas ellas el color rojizo, como el de la piedra arenisca llamada rodeno que hay en los alrededores de la localidad. Algunas de ellas están construidas sobre el acantilado apoyadas en potentes contrafuertes. La "Casa de la Julianeta" es una de las más famosas, parece sacada de la ilustración de un antiguo cuento. También existen diversos palacios con sus escudos nobiliarios, testigos de la gran riqueza que tuvo Albarracín en otros tiempos.

   Una vez recorridas las calles principales pasamos a visitar los monumentos más emblemáticos, empezando por la Catedral del Salvador. En su parte delantera existe una plaza-balcón donde paramos a reponer fuerzas y disfrutar de una vista espectacular de la localidad, sus acantilados y murallas.

   Al entrar a la Catedral llama la atención, primero el magnífico órgano que va apareciendo ante nuestros ojos a medida entramos a la nave del templo, y en segundo lugar que ésta no sea en forma de cruz latina tal como estamos acostumbrados a verlas en Aragón, es de planta única con capillas situadas entre los potentes contrafuertes que la sustentan. El retablo es del siglo XVI pero no tuvimos oportunidad de verlo porque están restaurándolo.

   A través del claustro de la Catedral pasamos a visitar el Museo Diocesano, que ocupa lo que en su día fue el Palacio Arzobispal. El guía nos contó las peculiaridades del edificio, salpicando la visita de de anécdotas y curiosidades la hizo muy amena.

   La última visita de la mañana fue al Museo de Albarracín, situado en el antiguo hospital de la localidad, del siglo XVIII. Aquí me vino al recuerdo, con envidia, el mal estado en que se encuentra en Torrelapaja la Casa de San Millán, también hospital que data mediados del siglo XVI y está declarada Bien de Interés Cultural por la DGA.

   Comimos en el Asador de Albarracín. Fue un momento muy bonito pues, si bien durante el recorrido fuimos en dos grupos para hacer más cómoda la visita guiada, en el comedor estuvimos todos juntos.

   La penúltima visita de la excursión fue a Trebuchet Park, un parque temático de máquinas de guerra situado cerca de Albarracín. Son reproducciones de máquinas militares de asedio y defensa de Europa, Asia y Africa, que abarcan del siglo VII a.C. hasta la edad media. ¡Qué crueles somos los humanos cuando nos da por incordiar a los demás!

   Justo cuando terminábamos esta visita, la tarde se comportó como es habitual en las tardes de primavera y nos obsequió con una bonita tormenta, así que rápido al autobús para dirigirnos a la visitar la "Fuente de Cella". Se trata de un pozo artesano construido en esta localidad, posiblemente por templarios en el siglo XII, que con una forma elíptica de 130 metros de perímetro y una profundidad de 9 metros en los extremos y 11 en el centro lo configuran como de los más grandes de Europa. Lo que si está documentado es que en 1729 el ingeniero italiano Domingo Ferrari dejó ornamentada esta obra tal como ahora la vemos.

   El entorno de la fuente está muy bien preparado para recibir a los visitantes y para contemplar el pueblo y las huertas, que se riegan con el agua de este pozo. Encontramos mucha animación ese día porque había una concentración de casas regionales.

   Aquí terminó la excursión de este año, unos montaron en el autobús hacia Zaragoza y otros lo hicimos hacia Torrelapaja, donde llegamos a la ocho y media.

   Hasta la próxima excusión.

 

Jesús Arnal