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Crónica de Jaime Lapeña publicada en la Hoja Parroquial de Torrelapaja.

EXCURSIÓN A TARAZONA, ÁGREDA Y VOZMEDIANO

24 septiembre 2011

Nos dice el diccionario que excursión es un viaje corto a algún sitio como actividad de recreo, estudio o ejercicio físico.

Fieles seguidores a las directrices lingüísticas de la Real Academia de la Lengua (ya sabéis, la que lava, fija y da esplendor), la excursión programada cumplía con esa triple dimensión: entretener, aprender y hacer un moderado ejercicio.

La buena acogida que los asociados dispensaron a la propuesta, así como la rapidez con que se alistaban las familias desde el primer momento, hacía presagiar una nutrida comparecencia. Tanto es así que fue necesario fletar un autobús de 72 plazas desde el origen ZARAGOZA.

Nada menos que 120 personas intercambiaban saludos a eso de las 9:30 de la mañana en la céntrica plaza de San Francisco en Tarazona. La Guía 1ª se llevó al primer grupo, mientras los provenientes de Torrelapaja preparaban la jornada con un “tentempié” degustado en los bares cercanos.

Junto al cauce regulado del Queiles, el Chalibs ibérico, disertó la guía sobre la antigüedad de la ciudad y las vicisitudes históricas ibéricas, romanas, musulmanas y cristianas. Comenzamos a familiarizarnoscon la “Guerra de los Pedros”, con Tarazona como Tierra de frontera entre reinos, con los hermanos Pérez Calvillo…

La calle Visconti nos conducía hasta la Plaza del Ayuntamiento. Los relieves impactan: La Cabalgata historiada de la coronación del Emperador Carlos en Bolonia, los relieves de Hércules, Caco y Pierres, los escudos, los símbolos de la Sabiduría y de la Justicia. No podían faltar las alusiones al “Cipotegato” y a G. A. Bécquer, que inmortalizó la plaza en sus “Cartas desde mi celda”

Las callejuelas de la Judería (Se ha llamado a Tarazona la “pequeña Toledo) permiten la visión de las casas colgadas frente al palacio episcopal, que fue antigua Zuda o palacio musulmán.  El patio renacentista, la escalera noble, el salón de obispos y el mirador son empeño y gestión del obispo Juan González de Munébrega. Los más perspicaces pronto localizaron en el impresionante salón al Obispo Dídimo, tan vinculado a Torrelapaja por San Millán. En los muros nos miraban personalidades episcopales de renombre como San Gaudioso San Prudencio, los hermanos Pedro y Fernando Pérez Calvillo, J. Glez. de Munébrega, Pedro Cerbuna, Diego de Yepes, Gomá, Nicanor Mutiloa y Manuel Hurtado. (Estos dos últimos seguro que confirmaron a la gente de 70 años para abajo). Todos comentábamos lo imperioso de una rápida restauración.

Por “Los Recodos” accedimos a la Plaza de Toros Vieja, vuelta a su esplendor tras una cuidadosa restauración.

Nos esperaba la Catedral: Paz, equilibrio, belleza, recuerdos difuminados, luminosidad. Han tenido que pasar 30 años para disfrutar de esta joya, de la que quedan por actualizar capillas, claustro y pórtico. Los andamios velaban la capi lla de los hermanos Calvillo, con el retablo de Juan de Leví, quizá el tesoro más sobresaliente del templo en calidad pictórica.

Algunos encontraron un hueco para acercarse al nacedero de San Juan, manantial y luego arteria de agua, que recorre oculta la ladera de la ciudad hasta ver luz pasado el barrio de Capuchinos.

El hotel “Las Brujas” nos satisfizo por la comodidad, la prestancia, el buen servicio y, creo, por la abundante comida.

Con el café recién tomado, tomamos la General para completar ese recorrido de 17 Kms que une Tarazona con Ágreda, “la villa de las tres culturas”. Los esforzados excursionistas se “atrevieron” con el barrio moro, las puertas emirales, los jardines renacentista y barroco de los Castejón y el Museo de la iglesia de la Peña. En los jardines, algunos nos sorprendían con sus conocimientos de botánica y de las plantas medicinales. Hubo quien encontró un hueco para entrar en la Iglesia de Nuestra señora de los Milagros.

La culminación de la jornada fue Vozmediano. El nacimiento (manadero) del Queiles impresiona, impacta. Desde el pueblo hay 700 metros aproximados de vereda amable, señalizada, con las zarzamoras ofreciendo el fruto silvestre. El abundante cauce sostiene desde hace años una piscifactoría. Más de 1100 litros por segundo arroja el manantial que más agua desaloja por minuto de toda Europa. Este corto río de 45 kms, famoso en época romana por el temple que daba a los aceros, riega Soria, Aragón y Navarra para morir en el Ebro a su paso por Tudela. La tarde mostraba tal quietud y sosiego que merecía haber prolongado nuestra estancia en esta localidad amparada por el Moncayo.

Las previsiones meteorológicas daban un 15% de posibilidad de lluvia para este 24 de Septiembre. El tiempo acompañó, el ánimo de los excursionistas se mantuvo.

Queda felicitar a la organización y a la nueva Junta de la Asociación Cultural Malanca. Que viva Torrelapaja.

 

Jaime Lapeña